lunes, 9 de agosto de 2010

Corrientes y los Guaraníes II

Sus hábitos de vida se inclinaban a ser sedentarios, lo que quiere decir que sus poblaciones, compuestas por grandes ranchos de paredes de estanteo (armazones de cañas tacuara revocadas con barro) y techo de paja, tenían cierta permanencia, instalándose en proximidades de montes y cursos de agua. Navegaban los ríos y arroyos con primitivas piraguas hechas de troncos.




El mando entre ellos, lo ejercía un cacique o abaruvichá cuyo cargo era hereditario. El cacique también tenía poderes sacerdotales a través de los cuales podía comunicarse con los muertos y el más allá.


Además del
abaruvichá, el resto de los mejores guerreros formaba un grupo social selecto, con mayores derechos y atribuciones que el resto de la comunidad, que estaba obligada a trabajar para ellos y darles parte de sus cosechas.

La sociedad guaranítica permitía la poligamia (que un hombre tuviera más de una mujer). Las mujeres estaban sujetas al poder del hombre, se tratase del padre, el hermano mayor o el marido. La mujer criaba sus hijos, realizaba sus quehaceres domésticos y cultivaba la tierra.

Aunque buenos cazadores, la agricultura era el principal medio de vida de los Guaraníes, que sembraban, entre otros, yerba mate, batata, mandioca, zapallo, maíz, maní, sandías y porotos. También extraían los frutos del mamón, papayas, cocos, naranjas, calabazas (andaí), etc. Además cultivaban algodón (mandiyú), caraguatá, guenvé, isipó y otras fibras vegetales. También poseían numerosos animales domésticos.



Como muchos otros grupos nativos de América, los Guaraníes preparaban el suelo para sembrar quemando previamente la vegetación silvestre. Este tratamiento empobrece la tierra, y a los pocos años debían trasladarse a otros sectores vírgenes del monte.

Tecnológicamente, los Guaraníes sabían emplear telares rústicos para trabajar el algodón y obtener telas livianas, aunque por lo común hombres y mujeres andaban desnudos. También trenzaban hamacas colgantes que usaban para dormir. Para guardar sus producciones agrícolas, desarrollaron una industria alfarera de grandes vasijas pintadas. Asimismo emplearon la alfarería para fabricar grandes urnas, en las que enterraban a sus muertos.

Los Guaraníes creían en un Dios bueno y justo al que llamaban Tupá, y un espíritu del mal o diablo conocido como Añá. También creían en el diluvio, del cual, según sus tradiciones, se salvaron los caciques principales - gracias a la oportuna advertencia de Tamandaré, profeta enviado por Tupá - subiéndose a un Mbocayá (palma), de cuyos frutos se alimentaron hasta bajar las aguas.

Sus creencias también hacían referencia a una especie de Paraíso terrenal: La “Tierra sin mal” . Un sitio ideal hacia el que peregrinaban cuando los afectaba alguna catástrofe, ya fuera una plaga, epidemia o inundación.


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